Muchos se adelantaron a los abordajes que voy a hacer en el resto de las partes, y todos aportaron puntos interesantes y me gustaría que esto fuera más un debate y poder responderles a cada uno.
Vivir en un mundo sin palabras sería muy irreal. En algún punto podría ser algo idílico, pero en muchos otros es algo involutivo.
Porque el problema no son las palabras, sino el peso que le demos.
Hace poco leí que se hablaba sobre Canciones Intoxicadas (y no de la banda). Canciones que quedan marcadas por determinados hechos o cosas personales, y al volver a escucharlas volvemos a esos hechos y perdemos en parte el valor de la canción en sí. Tendemos a ver lo negativo, pero claro está que esto también funciona para el lado positivo. Esta intoxicación no tiene porqué ser siempre en base a lo malo.

Habiendo dicho esto, creo que lo mismo sucede con las palabras. Hay algunas que nos quedan marcadas. Que de tanto escucharlas les quitamos el significado. Que de haberlas escuchado en determinada situación las empapamos de significados extra. Que de haberlas recibido en conjunto con otras, las mezclamos siempre con ellas. Y así sucesivamente. Intoxicamos las palabras. A veces las subestimamos, y a veces las agrandamos. A veces un 'te amo' pesa lo mismo que 'quiero una torta'; a veces un 'lindo' es lo mismo que un 'promedio'; a veces un 'sí' suena igual que un 'quizás', y a veces nos dicen 'no' pero escuchamos 'sí'.
Las palabras son peligrosas por el peso que les llegamos a dar.
Y si me preguntan por qué son peligrosas, creo que van a tener que esperar a la siguiente parte.